Influenza y literatura
Una imagen personal: el lunes 27, mientras escuchaba el mensaje del doctor Córdova, me sentí medio mareado. Levanté la vista y la lámpara de mi estudio oscilaba de norte a sur y de este a oeste. ¡Chale!, exclamé. Lo que nos faltaba: ¡Está temblando! Salí de mi estudio y apenas escuché que el asustado doctor Córdova les decía a los periodistas que en ese momento la tierra se movía.
Pasado el susto, la voz de Jaime Sabines llegó a mis oídos. Empezó a leerme “Me encanta Dios”:
Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente [o nos manda una epidemia]. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe con las manos.
Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo, o Mahoma, o mi tía Chofi, [o el doctor Córdova, o Marcelo Ebrard] para que nos digan que nos portemos bien. Pero esto a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, que el hombre se traga al hombre [que el hombre se traga al virus para que éste se trague al hombre]. Y por eso inventó la muerte: para que la vida, no tú ni yo, la vida, sea para siempre.
Ahora los científicos salen con su teoría del Big Bang... Pero ¿qué importa si el universo se expande interminablemente o se contrae? Esto es asunto sólo para agencias de viajes.
A mí me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas. Y es tan juguetón y travieso que el otro día descubrí que ha hecho, frente al ataque de los antibióticos [y de las vacunas], ¡bacterias [y virus] mutantes!
Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo y de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble.
Mueve una mano y hace el mar, y mueve la otra y hace el bosque. Y cuando pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento.
Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, y manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia, y se agita y crece, cuando Dios se aleja.
Dios siempre está de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer más amada, el perrito y la pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno, el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de luz, el manantial que soy.
A mí me gusta, a mí me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios. [Y que Dios nos bendiga en estos tiempos de influenza]
Cuánta razón tenía el buen Sabines, pensé, Diosito cuando enoja nos manda pestes y temblores; pero también nos da vacaciones forzadas y miedos intestinos.
Y hablando de miedos, también recibí, desde el correo de Chelo Manero, una pieza de Jorge Bucay: “El peregrino”:
Cuentan que un día un peregrino se encontró con la Peste y le preguntó a dónde iba:
—A Bagdad —le contestó ésta— a matar cinco mil personas.
Pasó una semana y cuando el peregrino se volvió a encontrar con la Peste que regresaba de su viaje la interpeló indignado:
—¡Me dijiste que ibas a matar a cinco mil personas, y mataste a cincuenta mil!
—No —respondió la Peste—. Yo sólo maté a cinco mil, el resto se murió de miedo.
¡¡¡Ayyyyyyyyyyyyy, nanita!!!
Estimado/a lector/a. Hasta aquí me dio la llovizna de ideas.
Si no reenvías este mensaje no te pasará nada, y si lo reenvías, tampoco. Como ves, ya estoy influenciado por el lenguaje claro y preciso del doctor Córdova.
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Antonio Galvan Pastrana